Camaroan, definitivamente el paraíso existe

El trayecto hasta Camaroan fue todo un reto. Desde Capas cogimos un bus hasta la estación de Cabao (Manila) y de ahí teníamos que coger otro hasta Naga; esta fue la primera prueba, comprar el billete barato para el bus nocturno (todo sea por ahorrar unos pesos, que había que amortizar el gasto del Pinatubo:P). Cada vez que preguntábamos obteníamos una respuesta diferente, primero no había ningún problema, después misteriosamente ya no quedaban plazas y teníamos que pagar el doble para el bus con aire acondicionado, casi caemos en la trampa pero no podíamos rendirnos tan fácilmente por lo que intentamos cambiar nuestra destinación y se ve que funcionó, de golpe nos señalaron el bus que queríamos desde el principio…¿ahora sí que quedaban plazas? No sé, no entendimos nada, pero lo importante es que nos salimos con la nuestra:)

Llegamos 4h más tarde de lo esperado a Naga, cogimos una van hasta Sabang de donde teníamos que coger una banka hasta Guijalo, esta fue la segunda prueba; teníamos entendido que habían bankas ordinarias hasta la 1 del mediodía y eran menos 10, así que corrimos para intentar coger la última. Una vez en el pueblo, de nuevo empezamos a obtener diferentes respuestas, que si hoy ya no salen más bankas, que si os tenéis que esperar hasta mañana, que si queréis salir hoy tenéis que alquilar una privada por 2000 pesos en vez de los 120 que vale la ordinaria…en algún momento me lo llegué a creer y ya me imaginaba durmiendo en ese “pueblo” (no sé donde porque por no tener no tenía ni un hostal). Finalmente, supongo que se dieron cuenta de que con nosotras no se iban a ganar ningún dinero extra ya que después de casi 1h de negociación fue como volver a vivir la misma situación que al comprar el billete de bus, nos señalaron una banka y dijeron 150 pesos:P

Una vez en Guijalo tan sólo nos quedaba el último tramo en triciclo y ¡por fin en Camaroan! No me lo podía creer…Nada más llegar al pueblo notamos un olor muy familiar, ¿era eso queso azul? no podía ser…después de 2min nos dimos cuenta de que más que de queso el olor era de podrido (lo que corroboramos en la siguiente ciudad)

Ese día nos quedamos en un hostal del pueblo y a la mañana siguiente ya nos instalamos en nuestra pequeña cabaña de bambú al lado de la playa donde pasamos las 2 noches siguientes.

Teníamos ganas de saber si la comida filipina realmente era tan mala como nos habían dicho; no tengo muy claro si era el desayuno o el almuerzo…pero nos pedimos unos calamares fritos y unos calamares cocinados con leche de coco (típicos de la región de Bicol), eso sí, sin olvidar nuestra ración de arroz; y ¡qué sorpresa! Nos gustaron tanto que al día siguiente los volvimos a pedir:)

Después de hacer disfrutar un poco nuestro paladar, decidimos ir a Gota Beach; fue bastante decepcionante la verdad. Nos llevaron al resort y lo bueno es que nos hicieron pagar por entrar, no entendía nada, ¿y ahora porque nos hacían pagar? ¿por ver el resort? no puede ser, al menos habrá una gran playa detrás de todas esas cabañas… pues no hubo suerte, según lo que vimos en los carteles se ve que pagamos para hacer un “day tour por el resort”… pero bueno, de todo se aprende, y por lo menos pudimos utilizar el wifi:P

Definitivamente lo mejor de esa pequeña excursión fue el paseo en moto y los paisajes de los alrededores.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras desayunábamos al día siguiente, aparecieron 41 profesores filipinos que venían a pasar su viaje anual.

Una vez superamos el mismo interrogatorio 20 veces y la primera sesión de fotos nos invitaron a pasar el día con ellos, que tenían unas bankas contratadas para el hopping island. Entre visitar las islas junto a un grupo de filipinos y nuestra idea de coger un kayak cuando sabíamos que en cualquier momento podía empezar a llover… ya os podéis imaginar cuál fue nuestra decisión:)

Todos estaban muy contentos y emocionados de que fuéramos con ellos (i no vull fardar eh) pero, sinceramente, no contábamos con tener que superar otra sesión de fotos… entiendo que al principio quisieran hacerse fotos con nosotras, ya sea por el recuerdo o porque no están acostumbrados, pero una vez llegamos a la isla y vimos que el número de cámaras iba en aumento y empezaron a aparecer caras nuevas a nuestro alrededor, se convirtió en una situación bastante difícil de soportar; pero es lo menos que podíamos hacer después de querer compartir su excursión y la comida con nosotras.

Después de todo, fue una gran experiencia poder compartir el día con ellos.

Por fin tuvimos un poco de tranquilidad y disfrutamos de nuestras últimas horas en Camaroan con una tarde de cartas y cervezas y una noche de peli, que al día siguiente tocaba levantarse pronto otra vez para deshacer todo el camino echo hasta Naga.

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